Resulta habitual ver a una persona adicta como una persona enferma. 

Te cuento que no, esta relación no es cierta.

Te preguntarás entonces de dónde vienen las adicciones, cómo una persona acaba por ser adicta al juego, a las drogas, al sexo o al trabajo; qué hay detrás de un adicto al alcohol o de alguien que presenta una relación adictiva con la comida.

La respuesta es mucho más profunda de lo que imaginas, y aunque te cueste creerlo, tiene mucho más que ver con el amor ciego que te vincula a un miembro del sistema familiar, que con una enfermedad. 

¿Cómo surgen las adicciones?

Cada persona adicta esconde un amor incondicional en su alma. Se trata de una relación que se establece con un miembro de la familia que alguna vez fue excluido de ese sistema y, por consiguiente, despreciado. 

Con el correr de los años, un descendiente puede repetir la historia de quien fue excluido o rechazado en la familia por haber sufrido algún tipo de adicción.

Y ¿por qué habría de hacerlo? te preguntarás…

Aunque no lo creas, por amor. Repetir la historia es, para el descendiente, una manera en la cual esa persona excluida puede volver a pertenecer al sistema o, al menos, ser reconocido nuevamente como miembro de éste. 

¿Cómo sanar una adicción?

La terapia sistémica pretende ayudarte a encontrar una mirada que te permita ver a los miembros de tu sistema familiar desde la compasión, la aceptación y el amor sano.

Solo aceptando a nuestros progenitores y al resto de los miembros del sistema familiar, somos capaces de transformarnos para alcanzar ese equilibrio tan deseado en nuestras vidas.

La raíz de las adicciones es profunda, pero esto no significa que no haya una solución. El primer paso es cambiar la mirada hacia esa persona adicta y dejar de verla como un enfermo para verla como un “salvador, un héroe o un mártir”, es decir, gracias a que él lleva esa adicción no la llevas tú, tus hermanos, tus hijos, o algún otro descendiente, es decir esa persona está liberando al resto de tener esa adicción.

Por otro lado, es importante ver el problema y querer enfrentarlo, no solo para ser felices nosotros, sino también para evitar que se prolongue en las generaciones venideras. 

No importa que el sistema familiar no esté completo de manera física, si ese miembro que fue excluido ya no está presente en este plano. Como ya te he contado otras veces, nuestros antepasados y la relación que establecemos con ellos, aún en su ausencia, nos influye de tal manera que solo cambiando nuestra mirada hacia el sistema y sus miembros podemos desatar esos nudos para avanzar en un camino de felicidad.

¿Te animas a cambiar tu vida?

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